miércoles, 5 de octubre de 2011

"Cuánto dinero pondría uno por hacerse pelota un codo, antes de sufrir las contusiones interiores de un desengaño amoroso. Qué dejaría uno por cambiar un dolor psíquico por uno físico. Cuánto más soportable y más identificable es una herida en el hombro, que una, que solo por costumbre, se aloja en el corazón. Una herida en la piel, se va curando sola en contacto con el aire. Un tajo en el alma tarda en cicatrizar. El alcohol que desinfecta un raspón, no sirve para evitar la infección del espíritu. Hay que tomar mucho más, para inundar el cuerpo, para que el whiskey busque al dolor y lo neutralice. Las lágrimas son la sangre de la herida interna. Y llega un momento que los ojos se desangran. Que uno no puede evitar que la vista se empañe. Ahí es cuando hace falta un hombro. Un hombro que no haga preguntas, un hombro que no consuele, un hombro que solo cumpla la función de apoyo, que en momentos así se haya plenamente comprometida."

y anoche caí de nuevo, como una estúpida. volví a caer en esa necesidad idiota de sentir dolor para parar de llorar. qué fea sensación esa de empezar a llorar, de buscar una pelea, solo para descargarte de cosas que no podés, no querés o no sabés cómo decir. qué fea esa sensación de no poder abrirte ni con tus mejores amigos. porque se que estoy mal y no sé bien por qué estoy así. y ya no sé que hacer para estar mejor, aunque me pregunten qué me pasa voy a seguir contestando nada, no hay otra respuesta posible. cómo estás? bien y todos se creen ese bien... no entiendo, tan bien miento? tan bien actúo? o es que a nadie le interesa realmente la respuesta?

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